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La Candelaria, hito de la joyería en Bogotá

En el corazón de Bogotá, a unos pasos de la Plaza de Bolívar, se ubica la aglomeración de joyeros más grande del mundo. Así lo dicen los artesanos y comerciantes de la localidad de La Candelaria dedicados a la elaboración de todo tipo de piezas en oro, plata y esmeraldas.

En los primeros pisos de las viejas casas con balcones y ventanas de madera que guardan parte de la historia del país que se resisten al paso de tiempo, nacieron las primeras joyerías, una herencia de las platerías que se ubicaron en este sector en la época del Virrey Juan de Sámano. Hoy la calle que lleva el nombre de “Platería” recuerda ese pasado.

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Entre las calles 11  y 12 b y la carrera sexta y aledañas, se ubican al menos 250 joyerías. Con el paso del tiempo en los segundos y terceros pisos de estas mismas casonas fueron adaptados para que funcionaran los talleres en los que trabajan viejos orfebres.

Los almacenes han sido adaptados para atraer a los compradores. Estos están adornados con luces indirectas para que las joyas revelen toda su belleza, hay grandes ventanales y una variedad de piezas de orfebrería en las que predomina la esmeralda, una piedra apetecida por extranjeros que saben que en Colombia están las más puras.

El presidente de la Asociación de Joyerías de La Candelaria, Carlos Chávez, asegura que en 200 años el sector ha cambiado mucho. Atrás quedó la producción de los cubiertos de plata que se usaban en las mesas de españoles y criollos adinerados, ahora en la joyería se impone con la producción de anillos para compromiso o matrimonio, cadenas, dijes, manillas y en menor medida la venta y reparación de relojes.

Aunque están en pleno corazón de Bogotá, la inseguridad y la desorganización no hacen parte del paisaje. Desde hace unos años se puede caminar con tranquilidad, tomar un buen café o comer un plato tradicional bogotano y luego visitar las tiendas de los joyeros.

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“El sector prepara su propia gente. Cada día llegan personas a aprender este oficio  (…) todos somos empíricos, todos aprendemos de los viejos maestros”, dice Chávez quien también es propietario del Taller del Orfebre, una joyería con 20 años en el mercado y quien inició en esta labor de la mano de un hermano.

Como en otras zonas de Bogotá en las que se ubican establecimientos dedicados a la misma actividad económica, las joyerías son herencia de familias o de empleados que con años de trabajo decidieron independizarse y se ubicaron cerca a las empresas pioneras.

Entre las joyerías más tradicionales del sector está Manosalva, un local que fue fundado en 1905. Beatriz González quien lleva 35 años frente al mostrador asegura que el éxito de esta zona obedece a que los clientes buscan exclusividad. “Se les hacen la joyas de acuerdo con lo que el cliente quiere”.

Aunque el auge de los últimos años de las compraventas afecta el negocio, los joyeros de La Candelaria buscan mercados internacionales y asisten a ferias especializadas en Asia, Estados Unidos y Europa. “Al extranjero le gusta la pieza pequeña con el error”, resalta Chávez.

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Con el apoyo de la alcaldía local de La Candelaria crearon el día del joyero que se celebra el primer fin de semana del mes de diciembre. Además trabajan de manera articulada porque en el futuro los joyeros de La Candelaria quieren que a esta zona se le considere como el primer centro comercial a cielo abierto de joyas más importante del mundo.