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A una década de la crisis financiera, los riesgos siguen vigentes

La recuperación económica mundial después de la gran recesión del 2008 ha sido lenta y las cifras de crecimiento, desde entonces, han estado muy por debajo de los promedios históricos del capitalismo. Por eso, expertos afirman que no se aprovechó la crisis para corregir los desequilibrios estructurales que afectaban el orden económico internacional, sobre todo en temas de regulación y distribución. Los profesores José Guillermo García Isaza, Orlando Gutiérrez Rozo, Diego Guevara Castañeda y Francesco Bogliacino analizan, desde diferentes ópticas, los efectos de la primera gran quiebra del siglo XXI. 

Bogotá D.C., 31 de enero de 2018 (Comunicaciones FCE). Hablar de aprendizajes a partir de la recesión económica global del 2008 resulta difícil porque una característica fundamental del sistema capitalista es que las crisis son recurrentes, asegura Orlando Gutiérrez Rozo, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (FCE UN). Si bien, dice el académico, existen autores como Keynes o Samuelson que afirmaban que estas se pueden controlar con política económica, lo que ha demostrado la historia es que la economía transita recurrentemente por senderos inestables, y es desde esta premisa que se deberían analizar esta clase de sucesos.

En la actualidad, indica el profesor Gutiérrez, ese camino está igual o incluso más pedregoso que en el 2008, por lo que están dadas las condiciones para que sobrevenga un nuevo colapso financiero: la inversión está muy por debajo de los promedios históricos del capitalismo y, por el contrario, se evidencia un enorme crecimiento de la deuda en los sectores público, privado e, incluso, bancario.

“Se prevé que decisiones como subir las tasas de interés en los Estados Unidos y en Europa, así como frenar la flexibilización monetaria, complicará más el pago de deuda. Por eso, se esperaría a finales de este año o inicios del próximo una nueva debacle financiera, que también afectaría la rentabilidad y el crecimiento del sector productivo”, pronostica el docente.

Una realidad incierta
Lo anterior contrasta con los buenos pronósticos entregados en el 48 Foro Económico Mundial, que terminó este 26 de enero en Davos (Suiza), donde se aseguró que, durante el 2018 y por primera vez en una década, la economía global crecería al 3,9 %, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Según Diego Guevara, profesor de la FCE UN, estos buenos augurios no son más que la evidencia de que las grandes crisis suelen olvidarse con facilidad, debido a que los poderes económicos del planeta, como el denominado ‘gobierno de Goldman Sachs’ –que maneja los hilos económicos en EE. UU. –, siempre quieren volver a correr grandes riesgos.

“A 10 años del estallido de las hipotecas subprime en EE. UU, vale la pena reflexionar sobre lo que dejó esa dura experiencia, porque si bien es posible que hoy los mercados de capital se hayan recuperado bien, sigue pendiente solucionar temas distributivos y de pobreza. Considero que la elección de Donald Trump, hace un año, fue la manifestación del pueblo norteamericano al rechazo por la amplia brecha que existe entre ricos y pobres en ese país; y no se puede olvidar que la mezcla de desigualdad y desregulación fue uno de los motivos de los problemas desencadenados en el 2008, algo que no ha cambiado de manera significativa”, asegura el profesor Guevara.

El investigador recuerda que la recesión que inició hace una década estuvo muy vinculada a las complejas innovaciones e instrumentos financieros y a la alta desregulación del mercado estadounidense, aspectos aún vigentes. “Cuando Barack Obama llegó a la presidencia, existía la expectativa de que se promulgarían medidas más rigurosas para evitar nuevos desequilibrios; sin embargo, gran parte de quienes estaban en la Reserva Federal y en el Departamento del Tesoro siguieron en cargos económicos importantes sin modificar con profundidad las regulaciones para favorecer a los grandes actores del sector”, relata el economista.

La receta no funciona en Europa
Francesco Bogliacino, profesor de la FCE UN, afirma que Europa también se vio sacudida por el colapso del 2008 debido a la arrogancia de sus líderes, quienes defendieron a toda costa el modelo de unión monetaria establecido con el euro, sin reconocer y corregir las debilidades que traía este proyecto de integración desde el inicio. Como era de esperarse, dice el experto, lo ocurrido al otro lado del Atlántico afectó a la zona euro en menos de dos años, porque varios bancos, sobre todo alemanes, estaban muy involucrados en el mercado de las hipotecas suprime.

Estas entidades, para recuperar sus pérdidas y estabilizar sus balances, tuvieron que pedir de regreso el dinero que habían prestado a los bancos de los países del sur de Europa. La pregunta que se hacían todos era ¿por qué al saber que cualquier choque externo pondría en jaque a la UE decidieron afrontar ese riesgo?

“En la literatura científica hay quien considera que, por una parte, fue el exceso de fe en el mercado y, por otra, que desde el comienzo se trató de una estrategia planificada para controlar el costo del trabajo y el estado de bienestar que tenía el continente. Esta segunda interpretación tiene la ventaja que explica mejor lo que pasó después, cuando en efecto los países adoptaron medidas de flexibilización del mercado del trabajo para lograr reequilibrar los problemas de competitividad externa; y si miramos qué naciones lograron estabilizarse más, fueron aquellas donde más se golpeó la estabilidad laboral”, explica el profesor Bogliacino.

Agrega que hubo otro elemento importante para entender el desarrollo de la crisis en la zona euro, que fue la apuesta del europeísmo de izquierda en mantener la integración a toda costa y aceptando todos los sacrificios, como la imposición de maniobras de austeridad, el recorte de sueldos y la destrucción de la demanda interna con el objetivo de incrementar las exportaciones.

Lo cierto, señala el profesor de la FCE, es que en la actualidad la situación económica no se estabiliza y se han sumado nuevas tensiones, como el aumento de las diferencias entre los países de la misma Unión Europea, el resurgimiento de los partidos de extrema derecha y el fenómeno migratorio. Esto último es uno de los aspectos más críticos, debido a que según datos de la Organización Internacional para las Migraciones la mayoría de quienes se instalan en la eurozona lo hacen por razonas económicas, lo que presiona más el mercado laboral; este fenómeno es el que está capitalizando políticamente la derecha para ponerle freno a la llegada de foráneos. El ejemplo más reciente es el de Austria, donde ganó el joven conservador Sebastian Kurz, con el apoyo de la ultraderecha.

Y ¿América Latina?
En lo que respecta a América Latina, hace una década era una de las regiones del planeta que más se habían beneficiado de la bonanza económica mundial. EE. UU. crecía de manera significativa por la vía del endeudamiento y del sector constructor; China e India jalonaban el crecimiento de Asía y consumían en masa materias primas; y Europa estaba en periodo de estabilidad.

Con el colapso del 2008, Suramérica –sobre todo Brasil, Chile y Perú– tuvo suficientes reservas para evitar el coletazo, pero como afirma José Guillermo García Isaza, profesor de la FCE UN, la deficiente planeación a largo plazo, para consolidar nuevas bases de desarrollo productivo, condujo a que se desperdiciara ese auge y ahora la desaceleración ronde nuestra región.

“Hoy, varias naciones latinoamericanas tienen graves limitaciones fiscales y escaso margen de maniobra; por eso, si se presentara en próximos años un nuevo desajuste internacional, no saldrían bien libradas. Hace 10 años les fue bien porque pudieron frenar la caída al aplicar políticas de impulso a la economía con base en la demanda gubernamental”, manifiesta el docente.

En el caso de Colombia, el profesor Diego Guevara asegura que aquí se pensó que el país estaba blindado, pero lo que en realidad ocurrió es que muchos capitales, ante las bajas tasas de interés en los Estados Unidos, vinieron a buscar rendimiento en economías emergentes. “El actual panorama, con la caída del sector minero energético, en especial el precio del petróleo, nos muestra que no estábamos tan protegidos a los fenómenos externos, y que las inversiones emprendieron su retorno al norte ante nuevas perspectivas”.

El experto concluye que la crisis del 2008 permitió propiciar una mayor reflexión académica y política en el mundo sobre la alta desigualdad que agobia a la sociedad contemporánea y los pocos esfuerzos que existen por una distribución justa de la riqueza. De hecho, agrega, publicaciones y posturas de economistas como Thomas Piketty y Joseph Stiglitz responden a eso, a exponer que el papel del sistema financiero no es solo el de asignar recursos de forma eficiente y ser un lubricante de la economía, sino que es un sector activo, que requiere mayor regulación, como ya lo habían predicho intelectuales de las corrientes heterodoxas.