Escudo de la República de Colombia

Transmilenio vs. Metro: de la obsesión a la obcecación

Por: Jorge Bula
Profesor Asociado de la Facultad de Ciencias Económicas
Universidad Nacional de Colombia

En el 2010, en conversación con un colega, director del Centre de Recherche et d’Etudes pour l’Action Territoriale (CREAT) de la Universidad Católica de Lovaina, de visita en la Universidad Nacional de Colombia, me refería a TransMilenio como una versión de “metro” para país pobre.

Y creo no haberme equivocado a juzgar por las palabras de posesión en su segundo mandato del alcalde Peñalosa, cuando afirmó: “que vamos a arreglar TransMilenio y a más que duplicar las troncales existentes”, para concluir a renglón seguido: “vamos a hacer para nuestra ciudad el mejor sistema de transporte público del mundo en desarrollo”. El proyecto Transmilenio, inspirado en el sistema de transporte de la ciudad brasilera de Curitiba de 1.75 millones de habitantes y una extensión de 430.9 Kms2, se quiso escalar para una megápolis como Bogotá, como sistema de transporte masivo, lo cual anticipaba el colapso del sistema que hoy conocemos.

Administrar por obsesión no es siempre una sabia premisa, menos aún si se traduce en obcecación, al pretender que el Bus Rapid Transport (BRT) es la panacea a la solución de la movilidad. Varios analistas han señalado la inconveniencia de hacer de TransMilenio el eje central de la movilidad, y del metro un sistema subsidiario. Las ventajas del Mass Rapid Transit (MRT) sobre el BRT son evidentes (muy a pesar del burgomaestre), como lo subraya la discusión que generó su implementación en la ciudad de Manila en Filipinas, cuyo debate invito a seguir en este vínculo: www.youtube.com/watch?v=ypdkqpsuJLM.

El mismo criterio que se impuso para adoptar TransMilenio se esgrime para la solución del metro elevado: el ahorro de recursos para la ciudad. Con mayores riesgos de gentrificación –desplazamiento de residentes generalmente de bajos recursos- y bajos niveles de velocidad para servir una ciudad de 1,587 Km2. Un metro como el de Seúl, ciudad de 10 millones de habitantes y extensión de 405 Km2, es servida por 10 líneas con trenes que circulan, bajo condiciones de seguridad, a velocidades de hasta 110 Km/h (goo.gl/GvMKTx). Velocidades difíciles (y no deseables) de alcanzar por TransMilenio o el tren elevado. Un buen administrador público no es solo el que hace rendir los recursos sino aquel capaz de apalancar y movilizar nuevos, y de establecer prioridades, de forma que prevalezca el principio de eficiencia social. En lugar de duplicar la red de TransMilenio, más importante sería desarrollar un sistema de metro que brinde bienestar a ocho millones de personas en Bogotá.